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Teoría de la mente: cuando lo obvio para ti no es obvio para él

Por Marisa Angulo ·

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Una de las cosas que más desconcierta a los padres es ver que su hijo puede ser muy inteligente y, al mismo tiempo, no darse cuenta de algo que para nosotros parece absolutamente evidente.

Ahí entra una capacidad que usamos todo el tiempo sin pensarlo: la teoría de la mente.

Es la habilidad que nos permite imaginar qué puede estar pensando otra persona, qué sabe, qué no sabe, qué intención tiene o cómo puede sentirse ante una situación.

Lo que nosotros damos por supuesto

La mayoría de nosotros hacemos esto casi de manera automática.

Miramos una cara y suponemos que alguien está molesto.
Escuchamos un tono y entendemos que algo no cayó bien.
Nos damos cuenta de que una persona no sabe algo que nosotros sí sabemos.
Adaptamos lo que decimos según quién tenemos delante.

Cuando la información social no aparece automáticamente

Muchas personas autistas no adquieren esta capacidad de la misma manera espontánea.

Por eso, situaciones que para nosotros son “obvias” pueden no serlo para ellos.

Pueden no darse cuenta de que alguien se está aburriendo.
Que una frase pudo haber herido.
Que otra persona no conoce la información que ellos tienen en la cabeza.
Que el contexto cambió y ahora se espera otra forma de actuar.
O que detrás de una expresión, un gesto o una conversación hay una intención que nadie ha dicho de forma explícita.

Esto no significa necesariamente que no les importen los demás.

Muchas veces significa que no están leyendo la información social que nosotros damos por sentada.

Hacer explícito lo que para otros es implícito

En el libro lo comparo con aprender un idioma extranjero.

Aquello que muchos niños absorben simplemente viviendo e interactuando, ellos pueden necesitar que se lo enseñemos de manera mucho más explícita: qué ocurrió, qué pudo pensar la otra persona, qué información tenía cada uno, qué se esperaba en ese contexto y qué otras alternativas había.

No podemos exigir información que todavía no sabe leer

Y aquí aparece algo que para mí fue fundamental entender:

no podemos exigir una respuesta basada en información que el niño todavía no sabe leer.

Decirle:

“Piensa en lo que hiciste.”

“¿No te das cuenta?”

“Ponte en su lugar.”

puede no servir de mucho si justamente eso es lo que todavía necesita aprender.

Primero tenemos que ayudarlo a construir esa comprensión.

Hacer explícito lo que para nosotros es implícito.

Explicar lo que pasó.

Mostrarle que las demás personas tienen pensamientos distintos a los suyos.

Que pueden saber cosas diferentes.

Que una misma situación puede verse de varias maneras.

Y, poco a poco, ir llenando ese “manual” que otros parecieran traer incorporado.

Cuando comprendemos esto, también cambia nuestra mirada.

Dejamos de pensar:

“¿Cómo puede no darse cuenta?”

y empezamos a preguntarnos:

“¿Qué parte de esta situación todavía necesita que le haga visible?”

Ese pequeño cambio puede transformar por completo la manera de acompañarlo.

Si esta lectura te acompañó…

De vez en cuando envío una carta con ideas, reflexiones y nuevas formas de mirar lo que vivimos.

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