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¿Cómo piensa una persona autista?

Por Marisa Angulo ·

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Una de las cosas que más cambió mi manera de acompañar a mi hijo fue comprender que no pensaba como yo.

No es que no quiera entenderte

No era que no quisiera escucharme.
No era que quisiera llevarme la contraria.
No era que “no entendiera nada”.

Su cerebro procesaba la información de otra manera.

Cuando los detalles aparecen antes que el conjunto

En el libro explico que muchas personas autistas tienden a tener un pensamiento más literal, lógico, rígido y visual. No porque todas sean iguales —no existen dos personas autistas iguales— sino porque comparten ciertas formas particulares de procesar la información.

Cuando comprendemos esto, muchas situaciones cotidianas empiezan a verse distinto.

Una persona puede, por ejemplo, quedarse atrapada en un detalle y perder de vista el conjunto. Puede necesitar más tiempo para procesar una indicación. Puede resultarle difícil manejar varias informaciones a la vez. Puede entender exactamente las palabras que usamos, pero no aquello que nosotros creemos que está “sobreentendido”.

Y ahí empiezan muchos desencuentros.

Nosotros pensamos:

“Pero si ya se lo expliqué.”

Y él puede estar intentando organizar demasiada información a la vez.

Nosotros pensamos:

“¿Cómo no se da cuenta?”

Y quizá está viendo los detalles, pero todavía no logra construir la imagen completa.

Los cambios pueden desorganizar el esquema interno

Nosotros cambiamos un plan sobre la marcha y esperamos que se adapte.

Para él, ese cambio puede significar que todo el esquema que había construido internamente dejó de servir.

Una imagen que siempre me ha parecido muy gráfica es la del bosque.

Nosotros miramos y decimos: “un bosque”.

Una persona con este tipo de procesamiento puede percibir antes cada árbol, su tamaño, su forma, sus diferencias, y solo después construir el conjunto.

¿Es peor?

No.

Es otra manera de procesar.

Y también puede traer capacidades extraordinarias: una enorme atención a los detalles, memoria para determinados temas, profundidad en sus intereses y la capacidad de ver cosas que otros pasan por alto.

Antes de preguntar cómo cambiarlo, pregunta cómo está procesando

El problema aparece cuando intentamos enseñarles, exigirles o interpretar sus respuestas como si su cerebro funcionara igual que el nuestro.

Ahí es cuando una diferencia puede empezar a convertirse en conflicto.

Por eso, antes de preguntarnos:

“¿Cómo hago para que cambie?”

quizá tendríamos que empezar preguntándonos:

“¿Cómo está procesando esto?”

Porque cuando comprendemos cómo piensa una persona, también empezamos a encontrar por dónde llegar a ella.

Y muchas cosas que parecían no tener sentido empiezan a tenerlo.

Si esta lectura te acompañó…

De vez en cuando envío una carta con ideas, reflexiones y nuevas formas de mirar lo que vivimos.

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