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Las 24 horas del día también enseñan

Por Marisa Angulo ·

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La terapia no se muda a nuestra casa

Cuando mi hijo era pequeño entendí algo que terminó cambiando por completo mi manera de acompañarlo:

la terapia no se muda a nuestra casa.

Los terapeutas, profesores, psicólogos y especialistas pueden ser fundamentales. Pero estarán presentes durante determinados momentos de su vida.

Nosotros, los padres, estamos en el día a día.

Y es justamente ahí donde aparecen muchísimas de las cosas que necesitará aprender.

Vestirse.
Esperar.
Aceptar un no.
Pedir ayuda.
Ordenar sus cosas.
Comprar.
Usar transporte.
Resolver un problema.
Tolerar una frustración.
Hablar con otra persona.
Tomar una decisión.
Equivocarse y volver a intentar.

Mirar los problemas como oportunidades para enseñar

Por eso aprendí a dejar de mirar muchas situaciones cotidianas únicamente como problemas.

Empecé a mirarlas como oportunidades para enseñar.

Una crisis podía mostrarme qué habilidad necesitábamos trabajar.

Una dificultad podía señalarme por dónde seguir.

Una situación incómoda podía convertirse después, cuando todo estuviera tranquilo, en material para preparar al niño para la próxima vez.

En el libro digo que las 24 horas del día están llenas de oportunidades de aprendizaje y que incluso las pataletas y las crisis pueden guiarnos hacia aquello que todavía necesita ser trabajado.

Esto no significa convertir la casa en una terapia permanente.

Significa aprender a mirar lo cotidiano con otros ojos.

La vida real está llena de aprendizajes

Recuerdo, por ejemplo, cuando mi hijo empezó a vender brownies.

Primero tuvo que prepararlos.

Después salir a ofrecerlos.

Hablar con personas que no conocía.

Aceptar que podían decirle que no.

Cobrar.

Administrar el dinero.

Comprar nuevamente los ingredientes.

Y más adelante aprender a ahorrar.

Una experiencia aparentemente sencilla terminó enseñándole habilidades sociales, autonomía, manejo del dinero, planificación y tolerancia a la frustración.

Eso es lo que quiero decir cuando hablo de aprovechar la vida real.

No necesitamos inventar constantemente ejercicios artificiales.

La vida ya nos los ofrece.

El supermercado.

Una comida familiar.

Una visita.

Un viaje en autobús.

Preparar algo en la cocina.

Llamar para pedir información.

Resolver un imprevisto.

Cada una de esas situaciones puede enseñarnos algo sobre nuestro hijo y, al mismo tiempo, convertirse en una oportunidad para que él aprenda algo sobre el mundo.

El objetivo es desenvolverse en la propia vida

Porque al final, el objetivo no es que un niño funcione perfectamente durante una hora de terapia.

Es que pueda ir adquiriendo herramientas para vivir su propia vida con la mayor autonomía posible.

Y para eso, muchas veces, el aula más importante es la vida cotidiana.

Si esta lectura te acompañó…

De vez en cuando envío una carta con ideas, reflexiones y nuevas formas de mirar lo que vivimos.

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