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Convertirte en experto en tu hijo

Por Marisa Angulo ·

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Los especialistas conocen su área; tú puedes conocer su historia completa

Cuando recibimos un diagnóstico es muy fácil sentir que los demás saben más que nosotros.

El psicólogo.
El terapeuta.
El neurólogo.
La profesora.
El colegio.

Y claro que todos ellos pueden aportar muchísimo.

Pero hay algo que fui entendiendo con los años:

ninguno de ellos conoce a tu hijo como tú puedes llegar a conocerlo.

Los profesores cambian.

Los terapeutas cambian.

Los colegios cambian.

Incluso las necesidades del niño van cambiando a medida que crece.

Pero los padres seguimos ahí.

Por eso, para mí, uno de los objetivos más importantes es que los padres se conviertan en expertos en sus propios hijos.

No significa saberlo todo.

Ni reemplazar a los especialistas.

Significa aprender a observar.

A reconocer qué lo desorganiza.

Qué lo calma.

Cómo aprende.

Qué no está comprendiendo.

Qué necesita que le expliquemos de otra manera.

Qué señales aparecen antes de una crisis.

Cuándo debemos intervenir y cuándo necesitamos buscar ayuda.

Observar antes de sacar conclusiones

En el libro hablo de hacer una especie de observación detectivesca.

No sacar conclusiones rápidas.

Mirar los detalles.

Porque muchas veces es justamente ahí donde encontramos la información que nos permite entender qué necesita ese niño en particular.

Llevar información a los profesionales

Eso también cambia la relación con los profesionales.

Ya no llegas únicamente esperando que alguien te diga qué hacer.

Llegas con información.

“Esto ocurre cuando…”

“Con esta forma responde mejor.”

“Desde hace unas semanas he observado…”

“Esto funciona en casa, pero esto otro no.”

Y entonces el trabajo empieza a convertirse realmente en un trabajo de equipo.

Con mi hijo, hubo un momento en que entendí que nosotros, como padres, teníamos que asumir el liderazgo de ese equipo.

No porque supiéramos más que cada especialista en su área, sino porque éramos quienes podían ver la historia completa.

Podíamos unir lo que ocurría en casa, en el colegio, en las terapias, en lo sensorial, en lo social y en su manera de aprender.

Y eso es muy importante, porque un niño no está dividido en parcelas.

No existe un niño para el terapeuta ocupacional, otro para la profesora y otro para la familia.

Es el mismo niño.

Cuanto mejor lo conocemos, más fácil resulta reconocer qué piezas necesitan conectarse.

Y también empezamos a tomar decisiones con mayor seguridad.

Ser experto no significa dejar de pedir ayuda

Habrá etapas en las que podamos resolver muchas cosas nosotros mismos.

Y habrá otras en las que necesitemos nuevamente orientación especializada.

Eso también forma parte de conocer a nuestro hijo.

Saber cuándo podemos acompañarlo con las herramientas que ya tenemos y cuándo ha aparecido algo nuevo que requiere otra mirada.

Porque convertirse en experto en tu hijo no significa dejar de necesitar ayuda.

Significa que, poco a poco, dejas de depender de que alguien de fuera te diga constantemente qué hacer.

Empiezas a comprender.

A observar.

A decidir con criterio.

Y quizá esa sea una de las cosas más importantes que podemos aprender como padres:

no tener todas las respuestas, pero sí saber mirar a nuestro hijo lo suficientemente bien como para encontrar por dónde empezar.

Si esta lectura te acompañó…

De vez en cuando envío una carta con ideas, reflexiones y nuevas formas de mirar lo que vivimos.

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