Cuando el autismo llegó a casa
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Yo sabía que mi hijo era distinto mucho antes de tener un diagnóstico.
Había cosas que no lograba comprender. Situaciones que con mis otros hijos habían sido sencillas y con él parecían no funcionar de la misma manera. Pataletas que aparecían sin que nosotros pudiéramos identificar qué las había provocado. Rutinas que necesitaban cumplirse exactamente de determinada forma. Reacciones intensas ante situaciones que para los demás parecían pequeñas.
Y, como hacemos muchos padres, yo encontraba explicaciones.
Está cansado.
Es pequeño.
Tiene carácter.
Ya madurará.
Cuando sabes que hay algo más
Hasta que llega un momento en que sabes que hay algo más.
Entonces empieza la búsqueda.
En nuestro caso fueron muchísimos especialistas, opiniones diferentes, diagnósticos distintos y la sensación de que nadie terminaba de comprender lo que nosotros estábamos viviendo en casa. Hubo incluso momentos en que nos dijeron que el problema éramos nosotros, que no sabíamos educarlo.
El diagnóstico también puede traer alivio
Cuando finalmente llegó el diagnóstico de autismo, sentí miedo, tristeza y una enorme incertidumbre. Pero también algo que quizá suene extraño: alivio.
Por fin había una explicación.
Por fin podía empezar a buscar un camino.
Aprender a comprender cómo funciona tu hijo
Con el tiempo entendí algo que cambiaría por completo mi manera de mirar a mi hijo:
él no necesitaba que encontráramos la forma de hacerlo funcionar como los demás. Necesitaba que nosotros aprendiéramos a comprender cómo funcionaba él.
Ahí empezó realmente mi aprendizaje.
Empecé a observar, leer, estudiar, preguntar, probar, equivocarme y volver a intentar. Poco a poco fui descubriendo que muchas de aquellas cosas que antes me parecían incomprensibles tenían una lógica cuando lograba mirar el mundo desde su manera de percibirlo.
No necesitas tener todas las respuestas hoy
Y esa es probablemente una de las primeras cosas que quisiera decirle a una familia que acaba de recibir un diagnóstico:
no necesitas tener todas las respuestas hoy.
Pero sí necesitas empezar a conocer profundamente al niño que tienes delante.
Porque detrás de muchas de esas cosas que ahora te preocupan hay información que todavía no sabes leer.
Y cuando empiezas a aprender a leerla, cambia mucho más que la conducta.
Cambia tu manera de mirar a tu hijo.
Si esta lectura te acompañó…
De vez en cuando envío una carta con ideas, reflexiones y nuevas formas de mirar lo que vivimos.
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