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Cuando los padres dejan de mirar desde el miedo

Por Marisa Angulo ·

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La incertidumbre cambia nuestra manera de mirar

Cuando todo empieza, una de las sensaciones más fuertes suele ser la incertidumbre.

No sabemos si estamos tomando buenas decisiones.

Un profesional dice una cosa.

Otro dice otra.

Leemos.

Preguntamos.

Probamos.

Y mientras tanto seguimos viviendo el día a día con un niño al que todavía no terminamos de comprender.

Eso genera miedo.

Y el miedo cambia mucho la forma en que miramos.

Nos hace dudar.

Nos hace intervenir demasiado rápido.

Nos hace anticipar catástrofes.

Nos hace sentir que cualquier decisión puede ser la equivocada.

Comprender genera seguridad

Yo también pasé por ahí.

Y con el tiempo fui comprobando algo que después volví a ver una y otra vez en las familias con las que trabajé:

cuando los padres empiezan a comprender mejor a su hijo, cambia también su manera de acompañarlo.

Empiezan a entender por qué ciertas cosas ocurren.

Qué necesita.

Qué puede aprender.

Qué no está pudiendo manejar todavía.

Qué estrategias tienen sentido para él.

Y esa comprensión les da algo muy importante:

seguridad.

De “¿qué hago?” a “sé por dónde empezar”

En el libro cuento que, cuando empecé a trabajar con padres y ellos fueron entendiendo cómo funcionaban los cerebros de sus hijos, sus necesidades y la lógica que había detrás de muchas de sus conductas, también fueron sintiéndose más capaces de intervenir.

Ya no todo era:

“¿Qué hago?”

“¿Estaré haciéndolo mal?”

“¿Y si esto empeora?”

Poco a poco empezaban a poder decir:

“Esto ya sé leerlo.”

“Sé qué está pasando.”

“Sé por dónde empezar.”

Eso no significa que desaparezcan las dudas.

Ni que una familia deje de necesitar ayuda.

Significa que las decisiones empiezan a tomarse desde otro lugar.

Menos desde el miedo.
Más desde la comprensión.

Y eso también se siente en la relación con el niño.

Porque no es lo mismo acercarnos tensos, inseguros o desesperados que hacerlo entendiendo mejor lo que está ocurriendo.

Cambia nuestro tono.

Cambia nuestra paciencia.

Cambia la forma en que ponemos un límite.

Cambia la manera en que anticipamos una situación.

Incluso cambia aquello que dejamos de interpretar como provocación.

Recuperar confianza como padres

Por eso siempre he creído que acompañar a una familia no consiste únicamente en darle estrategias para el niño.

También consiste en ayudar a los padres a recuperar la sensación de:

“Puedo aprender a hacer esto.”

Porque cuando comprendemos mejor a nuestros hijos, dejamos de sentir que todo depende de alguien de fuera.

Empezamos a confiar más en nuestra observación.

A preguntar con más criterio.

A tomar decisiones con más claridad.

Y a reconocer también cuándo necesitamos volver a pedir ayuda.

Quizá por eso tantas madres me han dicho alguna vez:

“¿Por qué nadie me explicó esto antes?”

Porque a veces lo que más necesita una familia no es otra instrucción.

Es comprender lo suficiente como para dejar de sentirse perdida.

Si esta lectura te acompañó…

De vez en cuando envío una carta con ideas, reflexiones y nuevas formas de mirar lo que vivimos.

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