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Adolescencia

Tu hijo no siempre te está desafiando: a veces está intentando no perderse

Por Marisa Angulo ·

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Cuando todo parece convertirse en una discusión

Hay una etapa de la adolescencia en la que puede parecer que todo lo que dices necesita ser discutido.

Antes una indicación podía ser suficiente. Ahora pregunta por qué. Cuestiona la norma. Te dice que no estás entendiendo. Puede corregirte, discutir una palabra, señalar una contradicción o reaccionar con una intensidad que te deja pensando:

¿Por qué tiene que convertir todo en una batalla?

Y desde ese lugar es muy fácil interpretar la conducta como desafío.

Pero muchas veces, cuando leo el campo energético de un adolescente, lo que encuentro debajo es bastante diferente.

Encuentro a una persona que está intentando responder una pregunta enorme:

¿Quién soy yo, separado de lo que esperan de mí?

Construir una identidad propia también implica diferenciarse

La adolescencia no es solamente una etapa en la que el hijo empieza a querer más libertad. Es también el momento en que empieza a construir una identidad propia con más fuerza.

Y para construirla necesita comparar.

Lo que pienso yo con lo que piensan mis padres.
Lo que necesito con lo que esperan de mí.
Lo que siento con lo que se supone que debería sentir.
Lo que el grupo considera normal con aquello que internamente me resulta incoherente.

En algunas lecturas de campo aparece precisamente esa tensión: adolescentes inteligentes, perceptivos, capaces de darse cuenta de muchas cosas, pero que todavía no tienen suficiente organización emocional para integrar todo lo que comprenden. Pueden percibir una contradicción con mucha claridad y, al mismo tiempo, no saber qué hacer con la incomodidad que esa contradicción les genera.

Entonces protestan.

Discuten.

Dicen algo de una manera que quizá no sea la mejor.

Y nosotros respondemos a la forma.

Pero a veces debajo de esa forma hay algo parecido a:

“No sé cómo ser yo sin decepcionarte.”

O:

“No quiero aceptar algo solamente porque tú lo dices, pero tampoco quiero perder tu aprobación.”

Ahí cambia muchísimo la mirada.

Porque ya no estamos delante de un hijo que simplemente quiere enfrentarnos.

Estamos delante de alguien que está ensayando su propia voz.

Poner límites sin invalidar su voz

Eso no significa que cualquier manera de expresarse sea válida.

Si grita, insulta o falta el respeto, habrá que poner un límite.

Pero podemos poner ese límite sin invalidar el proceso que está ocurriendo debajo.

No es lo mismo decir:

“Deja de discutir por todo.”

que decir:

“Puedes no estar de acuerdo conmigo. Pero necesitamos encontrar una manera de hablar de esto sin hacernos daño.”

En el primer caso combatimos su diferencia.

En el segundo, le enseñamos a sostenerla.

También ayuda mucho empezar a diferenciar con ellos tres cosas que los adultos solemos mezclar:

una norma necesaria, una convención y algo negociable.

No todo tiene la misma importancia.

Hay cosas que forman parte de la convivencia y necesitan cumplirse.

Hay otras que hacemos simplemente porque “siempre se hicieron así”.

Y hay muchas que pueden conversarse.

Para un adolescente que necesita comprender el sentido de las cosas, escuchar “porque lo digo yo” puede aumentar muchísimo la resistencia. En cambio, explicar qué es realmente necesario y dónde existe margen de elección le ayuda a construir criterio sin sentir que para crecer necesita luchar contra ti.

Cuando realizo una lectura de campo energético, una de las cosas que observo es justamente dónde se está produciendo la tensión.

¿Hay miedo a decepcionar?
¿Hay necesidad exagerada de aprobación?
¿Hay dificultad para expresar algo que sí siente?
¿Está cediendo demasiado para pertenecer?
¿La reacción es una defensa frente a algo que todavía no sabe nombrar?

Después traduzco esa información a una orientación práctica para los padres.

Porque la lectura del campo, para mí, no termina en “esto es lo que percibo”.

Lo importante es:

¿Qué hacemos con esta información?

Quizá necesite que dejemos de interpretar toda diferencia como desafío.

Quizá necesite aprender a expresar una opinión sin atacar.

Quizá nosotros necesitemos tolerar que ya no piense exactamente como pensamos nosotros.

Y esa última parte no siempre es sencilla.

Acompañar significa cambiar de lugar

Porque la adolescencia del hijo también pone a prueba a los padres.

Nos obliga a pasar de ser quienes deciden casi todo a convertirnos progresivamente en quienes acompañan a alguien que necesita empezar a decidir por sí mismo.

Y eso despierta miedo.

¿Qué pasa si se equivoca?

¿Qué pasa si toma decisiones que yo no tomaría?

¿Qué pasa si deja de necesitarme?

Pero acompañar no significa desaparecer.

Significa cambiar de lugar.

Tu hijo no necesita que dejes de orientarlo.

Necesita empezar a sentir que puede descubrir quién es sin tener que perder el vínculo contigo para conseguirlo.

Y a veces, cuando dejamos de pelear con lo que vemos y empezamos a comprender qué está intentando proteger, la relación cambia mucho antes de que cambie la conducta.

Si esta lectura te acompañó…

De vez en cuando envío una carta con ideas, reflexiones y nuevas formas de mirar lo que vivimos.

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Si quieres comprender qué puede estar ocurriendo debajo de la conducta de tu hijo y recibir una orientación concreta para vuestra situación, puedes conocer mi acompañamiento a familias.