La responsabilidad empieza cuando puedes elegir
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Saber qué hacer no significa poder hacerlo
Hablamos mucho de responsabilidad personal.
De hacernos cargo de nuestra vida.
De poner límites.
Tomar decisiones.
Dejar de repetir patrones.
Cambiar aquello que no nos hace bien.
Y todo eso es importante.
Pero hay una parte que a veces olvidamos.
Para poder elegir, necesitamos tener opciones internas disponibles.
No podemos pedirle a una persona que deje de reaccionar de determinada manera si su sistema todavía interpreta esa situación como una amenaza.
No podemos exigir límites cuando decir que no sigue sintiéndose peligroso.
No podemos pedir autonomía si durante años alguien aprendió que solo estaba seguro dependiendo de otros.
No podemos hablar de elección real cuando el organismo está ocupado intentando sobrevivir a la experiencia.
Regular no elimina la responsabilidad
Esto no significa quitar responsabilidad.
Significa comprender qué hace posible ejercerla.
Primero recursos, después elección
Lo aprendí hace muchos años trabajando con niños y adolescentes.
No tiene sentido pedir una capacidad que todavía no ha podido desarrollarse.
Primero se construyen recursos.
Después aparece la capacidad.
Y entonces la responsabilidad empieza a tener otro significado.
Cuando aparece una posibilidad diferente
Con los adultos ocurre algo parecido.
A veces sabemos perfectamente qué deberíamos hacer.
Pero algo dentro de nosotros todavía no puede hacerlo.
En vez de convertir eso en culpa, podemos empezar a preguntarnos:
“¿Qué recurso falta aquí?”
Tal vez seguridad.
Tal vez claridad.
Tal vez apoyo.
Tal vez la posibilidad de decir que no.
Tal vez experimentar que podemos equivocarnos y seguir estando a salvo.
Cuando esos recursos aparecen, la elección deja de ser una idea.
Empieza a sentirse posible.
Y entonces podemos hacernos cargo desde un lugar diferente.
No porque alguien nos obligue.
No porque “deberíamos”.
Sino porque ahora tenemos más capacidad para responder.
La regulación no sustituye la responsabilidad.
La regulación hace posible la responsabilidad.
Y cuando una persona recupera recursos, algo fundamental vuelve a aparecer:
la posibilidad de elegir cómo quiere vivir.
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