Entender no siempre transforma
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Cuando sabes lo que te pasa, pero sigues sintiéndote igual
A veces entendemos perfectamente lo que nos pasa.
Sabemos de dónde viene una reacción.
Reconocemos patrones.
Podemos explicar por qué una relación nos afecta, por qué repetimos algo o por qué determinada situación nos desborda.
Y, sin embargo, seguimos sintiéndonos igual.
Eso puede resultar frustrante.
Porque pensamos que, si ya lo comprendimos, deberíamos poder cambiarlo.
Comprender no siempre significa integrar
Pero comprender algo con la mente no siempre significa que el resto de nosotros haya podido integrarlo.
Hay experiencias que no se sostienen solo en una idea.
También están en el cuerpo.
En la forma en que respiramos.
En cómo nos tensamos.
En lo que anticipamos.
En lo que evitamos.
En aquello que nuestro sistema sigue leyendo como peligro, aunque racionalmente sepamos que ya no lo es.
Por eso a veces podemos decir:
“Sé que no está pasando nada.”
Y aun así sentir el pecho apretado.
O pensar:
“Sé que no tengo que hacerme cargo de todo.”
Y continuar haciéndolo.
O repetirnos:
“Sé que tengo derecho a decir que no.”
Y sentir culpa cada vez que intentamos poner un límite.
Hay comprensiones que necesitan convertirse en experiencia
No significa que no hayamos entendido.
Significa que hay comprensiones que todavía no han llegado a convertirse en experiencia.
Y ahí empieza otra forma de mirar.
¿Qué parte de mí todavía no ha podido vivir eso que ya sé?
En vez de preguntarnos únicamente:
“¿Qué tengo que entender?”
Tal vez podemos empezar a preguntarnos:
“¿Qué parte de mí todavía no ha podido vivir eso que ya sé?”
A veces no necesitamos otra explicación.
Necesitamos una experiencia diferente.
Una conversación en la que podamos decir algo sin ser juzgados.
Un límite que podamos poner y comprobar que el mundo no se derrumba.
Un momento en el que nuestro cuerpo descubra que puede quedarse en una situación sin tener que defenderse.
Cuando eso ocurre, la comprensión deja de ser solo una idea.
Empieza a organizar nuestra manera de vivir.
Y entonces algo cambia.
No porque hayamos encontrado una nueva respuesta.
Sino porque aquello que ya sabíamos empieza, finalmente, a sentirse posible.
Si esta lectura te acompañó…
De vez en cuando envío una carta con ideas, reflexiones y nuevas formas de mirar lo que vivimos.
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