Biomedicina: el cuerpo también cuenta
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El cuerpo también forma parte de la historia
Durante mucho tiempo, cuando se hablaba de autismo, gran parte de la atención estaba puesta en la conducta, la comunicación o el aprendizaje.
Pero en mi experiencia hubo otro eslabón que terminó siendo muy importante:
el cuerpo.
Porque una persona no es un cerebro por un lado, una conducta por otro y un organismo aparte.
Todo está conectado.
En nuestro caso, el abordaje biomédico apareció después de una larga búsqueda. Empecé a leer, a conversar con madres de todo el mundo y a investigar sobre alimentación, alergias, metabolismo, funcionamiento digestivo e inmune y su posible relación con el funcionamiento neurológico.
Cuando síntomas aparentemente separados empiezan a conectarse
Lo que más me ayudó fue empezar a mirar señales que antes parecían desconectadas.
Dolores físicos.
Problemas digestivos.
Cansancio.
Irritabilidad.
Sensibilidades alimentarias.
Cambios muy marcados después de consumir determinados alimentos.
Manifestaciones que quizá, vistas por separado, parecían pequeñas, pero que al ponerlas juntas empezaban a contar otra historia.
Con mi hijo, este camino fue siempre personalizado y acompañado médicamente. A partir de análisis específicos fuimos descubriendo particularidades de su organismo que antes desconocíamos, y eso nos permitió intervenir sobre aspectos concretos.
Un cuerpo que no se siente bien también aprende y responde diferente
Y ahí entendí algo que para mí fue fundamental:
a veces estamos intentando enseñar, regular una conducta o mejorar un aprendizaje en un cuerpo que no se siente bien.
Si un niño tiene dolor, malestar gastrointestinal, sueño alterado, una alergia o cualquier otra dificultad física, eso inevitablemente puede influir en su atención, su tolerancia, su disposición para aprender y su manera de responder al entorno.
Mirar a la persona de forma integral
Por eso, para mí, la mirada tiene que ser integral.
No basta con preguntarnos:
“¿Qué conducta queremos cambiar?”
También necesitamos mirar:
“¿Cómo está su cuerpo?”
La biomedicina no reemplazó en nuestro camino la integración sensorial, el trabajo pragmático, las habilidades sociales ni el aprendizaje.
Fue otro eslabón.
Y justamente esa fue una de las cosas que más aprendí durante todos esos años: que intentar mirar una sola parte casi nunca era suficiente.
El organismo, el procesamiento sensorial, la comunicación, las emociones, el aprendizaje y la conducta se influían unos a otros.
Por eso, cuando algo cambia de manera llamativa en un niño, a mí siempre me parece importante no mirar únicamente lo que está haciendo.
También preguntarnos:
¿hay algo en su cuerpo que necesita ser mirado?
Si esta lectura te acompañó…
De vez en cuando envío una carta con ideas, reflexiones y nuevas formas de mirar lo que vivimos.
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