¿Qué intenta decirte el dolor?
una mirada desde el sistema nervioso
En ambos casos, apagar la alarma sin comprender qué la mantiene activa no siempre resuelve el problema.
Pero hay una pregunta que rara vez nos hacemos:
¿Y si el dolor no fuera solo un problema que resolver, sino también una experiencia que necesita ser escuchada?
Si hace un tiempo alguien me hubiera dicho que respirara y le preguntara algo a mi dolor, probablemente habría pensado que eran tonterías.
Cuando algo duele de verdad, uno quiere que deje de doler. No filosofar sobre un dolor de muela o un cólico renal.
Lo entiendo porque lo he experimentado en carne propia.
Y también porque ahora lo estoy viendo, una y otra vez, en las personas a quienes acompaño.
Por eso hoy quiero compartirte algo que a mí me está cambiando profundamente la forma de relacionarme con el dolor.
A lo largo de este tiempo he descubierto que, en muchas ocasiones, el dolor empieza a cambiar cuando dejamos de pelear con él y comenzamos a escucharlo.
No desde la mente. Desde el cuerpo. En lugar de preguntarnos únicamente: "¿Cómo hago para que desaparezca?", podemos detenernos unos segundos y explorar:
• ¿Qué siento exactamente en mi cuerpo?
• ¿Puedo observar esta sensación sin intentar cambiarla durante unos segundos?
• ¿Qué intenta hacer esta sensación?
• ¿Qué emoción aparece cuando dejo de luchar contra ella?
• ¿Qué parte de mí está observando todo esto?
Muchas veces creemos que necesitamos interpretar el dolor.
Mi experiencia me ha mostrado otra cosa.
No busques interpretar al cuerpo. Ayúdalo a terminar de expresarse.
Cuando dejamos de interrumpirlo con explicaciones, miedo o lucha, el propio cuerpo suele mostrar cuál es el siguiente paso. A veces aparece una emoción. A veces una frase que llevaba años sin poder decirse. A veces un recuerdo. Y otras veces, simplemente, una profunda sensación de calma.
No porque el dolor sea imaginario. Ni porque todos los dolores tengan un origen emocional. Sino porque cuerpo y mente forman un mismo sistema. El estrés, la tensión, las emociones sostenidas y los patrones de supervivencia pueden influir en cómo experimentamos el dolor y en cuánto tiempo permanece.
Mi forma de acompañar no consiste en decirte qué significa tu dolor. Tampoco en convencerte de que "todo está en tu cabeza".
Consiste en crear un espacio de presencia donde tu cuerpo pueda expresar aquello que lleva tiempo intentando comunicar.
Muchas veces el cuerpo no necesita que lo arreglemos. Necesita que, por primera vez, alguien lo escuche. Y cuando el cuerpo deja de sentirse combatido, muchas veces encuentra por sí mismo el camino hacia la regulación.
A veces el cambio ocurre durante la sesión. A veces ocurre en los días siguientes.
Y otras veces el mayor cambio no es que el dolor desaparezca inmediatamente, sino que la relación con él cambia por completo.
No le preguntes al dolor únicamente por qué está ahí. Pregúntale qué lleva tanto tiempo intentando decir. Y, sobre todo...
Quizás el dolor no necesita que luches contra él.
Quizás necesita que, por primera vez, alguien lo escuche. 💜